Carrícola, «pueblo en transición» donde se ensaya una depuradora natural

«Carrícola, pueblo en transición» es el título con que este municipio valenciano anuncia su misión de convertirse en localidad sostenible, donde una iniciativa europea ensaya una nueva forma de potenciar la biodiversidad en los humedales artificiales creados para depurar aguas urbanas.

El municipio, que no llega al centenar de habitantes, cuenta ya con una depuradora natural, donde las aguas residuales se filtran solamente con grava y carrizo y, una vez depuradas, se vierten al río.

Ahora, el proyecto europeo Life Renaturwat está construyendo un segundo humedal artificial, esta vez de flujo vertical, que sin apoyo eléctrico funcionará de forma discontinua y con un sustrato basado en fangos de potabilizadoras que eliminará el fósforo del agua, mejorando su calidad y favoreciendo la biodiversidad en el entorno donde ésta se vierte.

La iniciativa, cofinanciada por la Unión Europea y coordinada por el Instituto de Ingeniería del Agua y Medio Ambiente de la Universitat Politècnica de València, busca evitar que en los entornos acuáticos receptores del agua depurada se de un fenómeno llamado eutrofización, que se produce cuando el exceso de nutrientes presentes en las aguas hace que las algas proliferen y agoten el oxígeno del ecosistema (anoxia).

La principal aportación de este proyecto es que logra eliminar nutrientes como el nitrógeno y -por primera vez- el fósforo, que será absorbido por los lodos de las potabilizadoras gracias al aluminio que contienen.

«Los humedales artificiales basados en sustrato de gravas no tienen esta capacidad de retener nutrientes; sólo eliminan la materia orgánica y los sólidos suspendidos», sostiene Nuria Oliver, técnico de I+D+i de la empresa Global Omnium Medioambiente.

Oliver explica a Efe que Renaturwat ofrece una salida a esos fangos que mejoran la calidad del efluente de la planta depuradora y evitan episodios de anoxia en el medio acuático donde acaba esa agua depurada, ahorrando a las potabilizadoras el coste -normalmente elevado- que supondría gestionar ese residuo.

Además de este ahorro, «estamos contribuyendo a la economía circular y evitando impactos negativos», subraya por su parte el director del Grupo de Economía del Agua de la Universidad de Valencia, Francesc Hernández, quien alega que la inversión en una depuradora así «no sólo genera beneficios sino que evita el coste de no actuar».

Según este experto, el modelo requiere una inversión mucho menor que el que precisa una depuradora convencional, y se podría replicar «en municipios y depuradoras de reducido tamaño» siempre que dispongan de «una pequeña extensión de terreno».

Mejor agua, mayor biodiversidad

El segundo humedal artificial afinará el agua de la depuradora natural de Carrícola cuando se superen los dos miligramos de fósforo por litro que los especialistas han fijado como límite, y mejorará así las condiciones ecosistémicas del río o laguna receptora de esa agua.

La idea es «potenciar esos lugares como hábitat» y fomentar que acojan especies de fauna y flora creando «refugios» para esos animales y plantas que ya se empiezan a ver en los entornos de la depuradora natural de Carrícola, cuenta Antonio Guillem, coordinador de proyectos de Global Nature.

«El carrizo, junto con las gravas, es el encargado de depurar el agua y de generar unos hábitats que favorezcan la biodiversidad de especies de fauna -en este caso, de aves como la oropéndola- ya que el agua circula por debajo de estos sistemas y por tanto van a aprovechar la parte aérea», señala a Efe.

La segunda fase de este tratamiento -prosigue Guillem- está en la pineda, donde una balsa recepciona el agua y da de beber a las aves, además de servir como cobijo a otro tipo de animales como anfibios o reptiles.

Desde el proyecto, este ingeniero apunta que se está aprovechando también para hacer educación ambiental, por ejemplo, organizando visitas de colegios para mostrar a los estudiantes que «es posible depurar las aguas residuales de las ciudades con estos ecosistemas; que no hace falta para pequeñas poblaciones construir plantas de tratamiento con hormigón».

Además, los socios están elaborando una guía de aves para que los gestores de humedales artificiales puedan reconocer hasta 15 especies presentes en primavera y en verano y diferenciarlas de las que se encontrarían en invierno, una forma de «motivarlos a observar» y de generar conciencia ambiental, precisa Guillem.